Brotes verdes en la cantera del Lucentum


Tener un equipo de baloncesto en Alicante militando en categorías profesionales de élite y con jugadores salidos de nuestra tierra o de nuestras categorías inferiores es algo que siempre se sueña pero que en Alicante nunca ha sido posible.

Desde que el Lucentum alcanzó la ACB no ha salido ningún jugador de la cantera que haya tenido minutos de relevancia en el primer equipo. Juan Miguel Navalón ha sido quizás el jugador que más relevancia tuvo, sobre todo en aquel tramo final de la primera temporada en ACB, pero no dejando de ser un papel muy secundario. Otros jugadores han llegado a debutar pero casi siempre en minutos de poca relevancia. Desde Fran Cano hasta Fabio Astilleros o Germán Miñarro pasando por Javi Lucas, Vargas o Manolo Blázquez.

Con la catarsis vivida en el Lucentum el club mira ahora de forma más decidida a la cantera como pilar en el que poder cimentar el crecimiento del club.

No creo que se puedan esperar resultados a corto plazo. La cantera no es algo que se pueda cambiar de la noche a la mañana. Consiste en trabajar, en crear una buena estructura de equipos, establecer una identidad de club en la que crean jugadores, técnicos, padres, patrocinadores e incluso otros clubes de la ciudad y la provincia. Se trata de sumar.

Tampoco se trata de medir el éxito en el número de equipos que se clasifican para Campeonatos de España, ni siquiera en el número de jugadores que puedan ir a las selecciones autonómicas o nacionales. Estas circunstancias deben ser la consecuencia del crecimiento y la evolución de los jugadores a nivel individual y de los equipos a nivel colectivo. 

El éxito de la cantera es alcanzar el máximo potencial de cada jugador. Para ello primero hay que ser capaz de saber cuál es dicho potencial y tener a personas capacitadas para saber acercarse a ese objetivo.


Esta misma semana se ha conocido que dos jugadores infantiles del Lucentum han sido convocados con la Selección Española U14 para una concentración y un torneo que se celebrará este fin de semana en Sant Adrià. Carlos Unanue y José Luis Ibañez representarán al Lucentum, que es el único club, junto al CAI Zaragoza, que aporta a dos jugadores a la concentración.

Ese equipo infantil es la perla de la cantera lucentina. Se ha plantado en la Fase Final Autonómica con superioridad, son favoritos al título autonómico y optan a hacer un gran papel en el Campeonato de España. Seis de ellos compusieron el grueso de la selección autonómica. Prometedora generación.


Es curioso que esa generación es la del 2000. Jugadores que nacían mientras el Lucentum ascendía por primera vez a la ACB. Tal vez sea una señal y estos chicos puedan ser dentro de cinco o seis años los que devuelvan al club a la ACB. 

Hasta ese momento queda mucho. Es probable que si estos chicos mantienen esta progresión acaban marchándose a algún club grande (tenemos el caso de Miki Ortín en el Real Madrid) a continuar su progresión y eso puede ser bueno para el club y para el propio jugador. Es clave que en esta fase el Lucentum sepa dejar siempre las puertas abiertas al regreso de los jugadores, que si finalmente no cuajan en los equipos más grandes puedan regresar al Lucentum como mejores jugadores. 

Pero el futuro de la cantera no se puede basar en una 'generación de oro' puntual. Hay que saber establecer un modelo de continuidad en el que se pueda establacer una estructura estable que permita la evolución continua de los jugadores, las interrelaciones entre los distintos equipos, las buenas relaciones con el resto de clubes y la mejora general de la imagen del Lucentum como club.

La próxima temporada va a ser importante para la cantera del Lucentum. Desde el club van a hacer una reestructuración profunda del proyecto de la base con la intención de crear un nuevo modelo que pueda dar frutos en un futuro. No es fácil. Aunque también es cierto que el listón, en cuanto a jugadores de cantera que llegan al primer equipo, está realmente bajo. Toca mejorar y crecer.

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