Se cumplen dos años desde la llegada de Luis Castillo al Lucentum


Hoy se cumplen dos años desde que Luis Castillo asumió la presidencia del Lucentum tras aquellos convulsos meses de junio y julio de 2011 cuando el club parecía abocado a la desaparición, ahogado por la calamitosa situación económica que arrastraba.

Castillo llegó de la mano de Juan Antonio Iniesta y su entrada contó con el beneplácito de Sonia Castedo. En un principio se apuntaba a que el Ayuntamiento les iba a ceder la mayor parte de las acciones del club a cambio de que ellos asumieran la gestión de la deuda que arrastraba el club, algo que finalmente no se llevó a cabo por lo que las acciones nunca salieron del Ayuntamiento. 

Desde el principio se ponía la viabilidad del club como prioridad a la situación deportiva, y a la larga hemos acabado viendo que la realidad ha sido esa. La situación económica ha sido la que ha marcado el destino del club durante estos dos años.


Bajo la dirección de Luis Castillo y con Juan Antonio Iniesta como consejero, el club preparó la solicitud voluntaria de acogerse a la Ley Concursal. 

Juan Antonio Iniesta abandonaba el club en marzo debido al "incumplimiento del compromiso de aportaciones dinerarias institucionales previstas en el presupuesto del ejercicio, que ha provocado la opinión desfavorable en su informe de viabilidad de la administración concursal".

El procedimiento concursal fue largo y culminó con la firma de un Convenio con los acreedores en el que se sellaba una quita del 80% con los acreedores privilegiados y con la firma de sendos convenios con Hacienda y Seguridad Social mediante los que se pactaban los pagos aplazados durante los próximos diez años. La deuda pasaba de superar los 9 millones a quedarse entorno a unos 4 millones. 

El club superó varias amenazas de disolución por parte de administrador concursal y, finalmente, el acuerdo con la ACB para descender supuso el salvar dicho concurso de acreedores, evitando la disolución del club, a costa de perder la categoría. Un mal menor.


En la faceta deportiva, Luis Castillo ha tenido dos años marcados por los éxitos deportivos y por aciertos en la composición de la plantilla. En ACB, de la mano de Jose Luis Mateo se hicieron grandes movimientos como la llegada de Kyle Singler, Ivanov o Dewar, que junto con la gran dirección de Vidorreta llevaron al equipo a Copa del Rey y Playoff, algo impensable a comienzo de temporada.

En esta última campaña, tras el varapalo del descenso a Adecco Oro, el equipo completó una de las mejores plantillas de la competición y acabó logrando el ascenso deportivo a la ACB tras imponerse en la final de los Playoff a River Andorra.

En el debe de la gestión de Luis Castillo está el no haber conseguido la entrada de apoyo privado al club, así como el no haber conseguido superar el bloqueo que hay de apoyos procedentes de Diputación y de Generalitat, dos instituciones que se han desvinculado del club alicantino. Unas cosas han condicionado a las otras, pero ni aquel patrocinio con Herbalife cuajó ni se ha conseguido que el club sea capaz de generar ingresos que haga que su dependencia institucional descienda.


Esta falta de apoyos acabó costando el descenso a Adecco Oro hace un año y la renuncia a poder ser ACB este año, y está por ver si acaba dejando al club condenado a competir en EBA ante la falta de más respaldo que el que otorga el Ayuntamiento con su ayuda de 500.000 euros. Ayuda que sirve para garantizar el pago de las obligaciones concursales y para la configuración de un proyecto en la categoría que se pueda. 

Para salir en Oro, hace falta un apoyo extra que permita al club disponer de  al menos 500.000 para la faceta deportiva. Si se opta por la EBA, como se ha apuntado desde el propietario o desde el propio Castillo, el club contaría con 200.000 euros, cantidad más que de sobra para sacar un equipo en EBA, una categoría amateur en la que con la cuarta parte de ese dinero compiten muchos equipos.

Son tiempos complicados para el club, que tiene que hacer frente a los pagos acordados en el concurso de acreedores, a razón de unos 300.000 euros al año y que necesita encontrar un modelo viable que permita progresar desde la coherencia y reinventándose para aprovechar los recursos que se tienen y luchar por conseguir abrir la vía a la llegada de nuevos apoyos que permitan que el baloncesto en Alicante pueda volver algún día a estar arriba. 

Dos años de presidencia que han dejado sus cosas buenas y sus cosas malas. Falta por ver si Castillo decide seguir al frente del proyecto o si, como apuntó tras su última rueda de prensa, decide dejar paso si existiesen alternativas para dirigir el club. Suceda lo que suceda, el Lucentum seguirá adelante y el tiempo nos irá colocando donde toque, para resignación de una afición que ya se empieza a acostumbrar a veranos de disgustos.
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