Debut en ACB: El año que tuvimos mal ojo con los pívots



El primer año ACB del Lucentum, bajo el nombre de Proaguas Costablanca, no fue nada fácil. Se apostó por la continuidad del bloque de jóvenes que lograron el ascenso, junto a Reggie Fox. Hasta ahí no estuvo mal. Una de las claves de la mala temporada fue el mal rendimiento de los extranjeros que llegaron aquel año.

Ammal McCaskill y Diego Osella eran los dos jugadores llamados a marcar la diferencia en aquel equipo. El primero llegaba tras un buen año en León y con un pasado NBA y en liga griega, mientras que Diego Osella llegaba después de ser uno de los jugadores más valorados en Argentina, donde era toda una institución tras 13 años militando en Atenas Córdoba. Se trataba de su primera experiencia lejos de Argentina y nunca llegó a adaptarse al club.




McCaskill tenía calidad y dejó algunos destellos pero su falta de implicación, su desconcentración y algunas situaciones de indisciplina acabaron por forzar su salida después de 10 jornadas, a pesar de que sus números no eran malos, llegando a firmar dobles figuras en tres de los 10 partidos que disputó. Su promedio final fue de 15 puntos, 8 rebotes y 19 de valoración media.



El sustituto de McCaskill fue Marlon Maxey, jugador con experiencia NBA y en el basket griego. Mucha calidad pero llegaba con problemas físicos en sus rodillas que acabaron por desencadencar recaídas y lesiones que impidieron que rindiera y ayudara la equipo. En los ocho partidos que Maxey disputó con el Lucentum promedió 11 puntos, 6 rebotes y 11 de valoración media.




La lesión de Maxey obligó a buscarle obligó a buscarle recambio y se produjo la llegada de Terquin Mott, que sería la última incorporación aquella temporada y el último intento del club por intentar lograr la permanencia. Mott era un jugador totalmente excéntrico, capaz de conectar con la afición pero también tenía un historial polémico. Su aportación al equipo fue importante, promedió 16 puntos, 7 rebotes y 17 de valoración por partido, pero no fue suficiente para que el equipo lograra la permanencia.

La falta de adaptación de Osella y su bajo rendimiento obligó al equipo a buscarle salida y se le sustituyó en la jornada 16 por Dusan Jelic. Osella tuvo un rol muy discreto y en los 16 partidos disputados promedió solo 6 puntos y 2 rebotes para 5 de valoración por partido.


El sustituto de Osella fue el serbio Dusan Jelic, que llegaba del Estrella Roja de Belgrado, tuvo un papel modesto y sus promedios fueron 11 puntos, 6 rebotes y 11 de valoración.

Sin duda que todo este trasiego de jugadores desestabilizó al equipo, y a pesar de todo se luchó por la permanencia hasta el último encuentro ante Gijón. Seguramente si se hubiera tenido un poco más de suerte con los extracomunitarios aquel año se podría haber logrado la permanencia, pero eso ya es fácil decirlo a toro pasado.

Jugadores como Mott y Osella estuvieron mucho más preocupados de maquillar sus números y estadísticas que de ayudar al club a la salvación y eso lo pagamos muy caro.




Americanos caprichosos

Según se publicaba en la época, Marlon Maxey exigió un coche automático al ser "incapaz de mirar a la carretera y cambiar las marchas al mismo tiempo". Maxey también exigió un sofá de cuero para su salón.

McCaskill pidió dos viviendas, una para él y sus dos perros y otra para su novia (aunque esta segunda la pagó el jugador).

McCaskill, Maxey y Mott pedían por contrato vivienda, coche, antena parabólica, microondas, compact disc y lavadora con secadora.




Polémicas y falta de profesionalidad

Aunque hemos visto antes que los números de aquellos jugadores no eran malos del todo en algunos casos, lo que sucedía era que se dedicaban muchas veces a maquillar sus números.

No fueron extraños los actos de indisciplina e incluso altercados o rifirrafes en los entrenamientos con otros compañeros.

Tras una derrota ante el TAU, el presidente del club, Paco Pastor declaraba "estoy muy cabreado y disgustado con algunos jugadores que de profesionales no tienen nada". "Por lo menos hay que luchar y poner un poco de pundonor". "Si no saben hacerlo mejor, por lo menos que hagan caso de las indicaciones del entrenador. Es lo mínimo que que puede hacer". "A la hora de cobrar y exigir sí que son profesionales".

Casadevall también fue muy duro aquel día. En referencia a Terquin Mott y Dusan Jelic declaraba que "hay jugadores que quieren hacer la guerra por su cuenta" "He visto falta de respeto al público".

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