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14 enero 2020

El Satisfyer


Fotos: Jose Fco. Martínez
En este artículo contamos con la colaboración de Mar Galindo, profesora de la UA y columnista que podéis seguir semanalmente en el Diario Información.

Aquí tenéis un texto que explica de forma muy particular lo que supone seguir al Lucentum esta temporada:

Ha sido el regalo estrella de mis amigas esta Navidad. Prácticamente todas lo tienen, y todas ellas cuentan maravillas. “¡Treinta segundos!”. “¡Menos de dos minutos!”. Y yo me pregunto por qué hemos sublimado el placer instantáneo en soledad, cuando la vida nos ofrece otras opciones intensas que alargan el disfrute mucho más tiempo en la compañía de muchos cuerpos que se mueven al mismo son. ¿Para qué quiero un espasmo exprés si puedo tener cuarenta minutos a tope? No lo puedo evitar. El baloncesto es mi debilidad, y el Lucentum, el que hace vibrar mi alma y mi cuerpo.




Si es cierto, como decía Toni Kukoc, que una canasta hace feliz a un jugador pero una asistencia hace feliz a dos, entonces podemos extrapolar la progresión hasta todo un pabellón cuando un equipo consigue una victoria. Goce colectivo, éxtasis general. A pelo, sin profilaxis. Pueden sentirlo en cada palmo de la piel. El vello se eriza, el corazón se acelera, la respiración se revoluciona y es imposible contener la garganta y no dejar escapar un gritito. La temperatura del cuerpo aumenta y sube un calorcito por el pecho... Cierro los ojos y soy capaz de revivirlo dondequiera que esté. Esos instantes finales, cuando tu equipo se lo juega todo a una canasta y ese último tiro entra. Chof. El marcador agota el tiempo y se desata la euforia. Un orgasmo absoluto. Cada célula de mi cuerpo baila al compás de las voces que cantan de fondo “¡hemos vuelto a LEB Oro, volveremos a ACB!”. Apenas las oigo. Mi cerebro sigue rememorando las sensaciones del partido. Ya saben ustedes: el placer no entiende de tamaños, colores, razas o edades. Del 1’78 de Pitts a los 2’16 de Fall; de la Asturias de Nacho Díaz al Senegal de Issa Thiam; de los 19 años de Guillem Arcos y los 20 de Busquets a los 38 de Pedro Llompart, cada uno contribuye a la fiesta del baloncesto con sus mejores habilidades: Galán machacando el aro; Schmidt en modo killer; Mendiola intimidando en la pintura; Chumi dándolo todo en cada jugada; Onwenu poniendo sus 200 centímetros al servicio del ataque lucentino... Qué deleite, qué regocijo bajo la atenta mirada del trío técnico de Rivero y los Albertos. Ay, Lucentum. Qué segunda vuelta de la LEB Oro nos espera. No quiero ni imaginar qué pasará si hay play-off de ascenso a la Liga Endesa. Por si acaso, les he dicho a mis amigas que pueden comprar un abono de media temporada. Cuesta lo mismo que el dichoso satisfyer, pero no necesita recarga. Con este equipo, el placer está asegurado.



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